El vínculo entre las personas y las organizaciones es recíproco. Al decir de Frigerio y Poggi (1992),“individuo e institución se requieren y construyen mutuamente un vínculo de permanente intercambio” (1).
En nuestro tránsito por las instituciones, solemos apropiarnos de reglas o normas que nos orientan en el camino de la vida. Si bien, en muchas ocasiones, la mención a dichas reglas reviste una interpretación eminentemente negativa, sería imposible imaginar la existencia de una organización o de la sociedad misma sin normativas que organicen cotidianamente su funcionamiento.
En nuestro tránsito por las instituciones, solemos apropiarnos de reglas o normas que nos orientan en el camino de la vida. Si bien, en muchas ocasiones, la mención a dichas reglas reviste una interpretación eminentemente negativa, sería imposible imaginar la existencia de una organización o de la sociedad misma sin normativas que organicen cotidianamente su funcionamiento.




