No importa si se trata de una empresa de bienes o servicios; un solo producto, una persona, un lugar, una película o, incluso, una organización civil, ser considerada una lovemark es una cuestión aspiracional, un distintivo y mucho más que un diferenciador por la simple y sencilla razón de que esas marchas han hecho algo que las demás no. Pero, ¿qué y cómo lo lograron?
A partir del término acuñado por Kevin Roberts en 2004, las lovemarks a nivel mundial ya no obedecen a criterios financieros o niveles de facturación. Ser una lovemark exige cumplir con las expectativas de las personas, de los sectores y hasta de la misma competencia, ya que aun la enorme gama de opciones que tenga una persona, si no hay amor, no hay lovemarks, y esto lo decide única y exclusivamente el consumidor… pero ¿qué lo hace elegir?
De acuerdo con Lovemarks, la propia organización creada por Roberts, para ser considerada con esta etiqueta se requiere trascender a la marca misma y dejar de hacer transacciones con las personas para construir


















